Peligro con las espigas en perros

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Mucho cuidado cuando paseáis cerca de campos de espigas, pueden ser un peligro para los perros. 

Con el buen tiempo, los paseos con nuestro perro aumentan. Pasamos mas tiempo al aie libre, haciendo planes en bosques, montañas...Por eso os vamos a dar unos consejos para que podáis disfrutar del día sin complicaciones.
Las espigas son las plantas con las que tenemos que tener especial cuidado durante la época de primavera-verano. Se desconoce que pueden ser peligrosas para los perros. Os lo contamos.
Las espigas son semillas de los cereales envuelta en una especie de vaina larga y dura que termina en punta aguda.
Las espigas suelen quedarse entre el pelo de las patas de nuestro perro, en la nariz, en los oídos…Pero no solo esto, sino que tienen especial facilidad para atravesar la piel de nuestras mascotas, que debido a su forma, avanzan hacia delante, hasta que se topan con una "pared" que no les deja pasar. Ante esto, la espiga empieza a rozar en aquello que le impide el paso, se hinca y produce una herida.

¿Cómo sabemos sí una espiga ha entrado en contacto con nuestro perro?

Antes de explicarlo, es importante destacar que no se debe intentar quitar la espiga (cuando esté ya interna). Siempre será mejor acudir al veterinario y que él de manera profesional lo haga sin causar daño a nuestro animal. Si la espiga se acaba de clavar, y aún está en la superficie, podemos extraerla con una pinza, siempre con mucho cuidado. Pero insistimos en que lo mejor será acudir al veterinario.

Si una espiga entra, por ejemplo por una pata de nuestro animal, provocará una herida que no terminará de cerrar nunca, con todo lo que esto supone: zona inflamada, dolor, posible secreción de pus etc. Esto le producirá una cojera que nos avisará de que algo no va bien.

Cuando la espiga se mete en un oído, se puede producir una otitis secundaria. Provoca mucho dolor, lo que le llevará al perro a hacer constantes sacudidas de cabeza. Una espiga en el oído puede convertirse en un problema grave sí empieza a atravesar el tímpano.

Si es la nariz la entrada de la espiga, puede tener secreción (sólo por uno de los ollares), estornudará fuertemente incluso puede llegar a sangrar. También puede rascarse el hocico.   
También hay zonas en las que la espiga puede pasar desapercibida. Pero cuando una espiga se cuela por alguna parte del cuerpo de nuestro peludo, la zona se hinchará y pondrá rojiza. No tenemos que dudar y deberemos acudir al veterinario para que puedan intervenir y extraérsela.

Por esa razón, como dice el dicho, es mejor prevenir que curar. Lo ideal es controlar los sitios y campas a los que vamos con nuestros perros con el buen tiempo. Y siempre, al volver a casa, revisar bien su pelaje. Además de esto, un buen cepillado nos ayudará detectar a tiempo sí tiene alguna espiga.

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